Se preguntarán por qué ese tema. Yo también me hago esa pregunta. Sin embargo, siempre se nos ha escapado esa frase. En lo que recuerdo he usado esa frase para decir que un lugar queda lejísimos. Por ejemplo: “Tu casa queda en el culo del mundo”. ¿Por qué ese órgano sagrado recibe esa contextualización?
Tal vez por ser una de las partes más olvidadas de nuestro cuerpo. Por estar en atrás. Por ser considerada sucia, indeseable, pecaminosa. Mi casa no queda en el culo del mundo. La tuya tampoco. Está más cerca de algo o más lejos de otros lugares. Es cuestión de distancias y no de culos.
Contextualizando más el panorama, ¿dónde quedaría el culo del mundo? Si me guío de la imagen, les diría que en alguna parte del Océano Índico. Pero esa sería una respuesta nada convincente. Cada quién le pone la denominación de culo a cualquier cosa. No me parece correcto. Acá hay un internauta que si lo encontró
Hay veces en que enamorarse se hace necesario. Uno quiere encontrar siempre a la persona ideal, sin embargo, nadie sabe lo que a fin de cuentas le toca. Recuerdo que mi primera enamorada vivía al costado de la casa de una tía. No la dejaban salir mucho. Tenía trece años. Sólo la veía cuando se iba a clases. Pero, nada era más emocionante que esperarla todas las noches cuando salía a votar la basura. Allí le daba un beso y me quedaba conversando sólo lo necesario con ella.
El hecho de tener algunas limitaciones hacía las cosas más mostras. Sucede lo mismo en la vida real. Si a uno le dan todo será un potencial fracazado. Uno jamás se esforzará por conseguir algo porque sólo abre los ojos y lo tiene. No tienen necesidad de luchar por una meta, ni crear las más alucinantes fumadas por un te quiero, etc.
Retomando a mi ex, era lindo decirle lo que ella quería escuchar, aunque no siempre era lo que yo quería decir, pero en fin. Ahora las relaciones tienen casi todo. Sobra el tiempo, los celulares, los mensajes, los mails a cada momento. Es decir, ya no existe un espacio de soledad donde el amor se pueda nutrir de la desesperación. El hecho de tener a cada rato a una persona hace que se caiga en la monotonía, en la redumdancia, etc.
Sin embargo, hay algunas técnicas que se pueden aprender y que ayudarán a que tu divinidad siempre quede sedienta por tí:
Cuando te llame no le contestes. Si es posible apaga el celular un toque. Después préndelo, te grtará pero eso le dará emoción al asunto.
Dile que estas ocupado, que estas cansado y harto de hablar con ella, así se molestará. Después, cuando quieras hablar con ella seguro te dirá que ahora no quiere decirte ni chau. Ya tienes un nuevo tema. El convencerla es un reto agradable.
Regálale una mascota para que se entretenga con ella. Así dejará de llamarte y pensará más en el perro o gato, etc.
Sácala a pasear a un lugar fuera de lo común.
Rompe las reglas, reviéntale los esquemas. Cambia repentinamente, pero para bien. Hará que descubra en tí a una nueva persona, una recargada.
Mándale rosas, pero no las que le gustan. Si no las que te a tí te gustan (las más baratas). Cuando te pregunte por el color, métele un buen floro de renovación.
El hecho de estar lejos de la persona que amas, hace que pienses y medites en ella. En su relación, si lo que han vivido es suficiente para darte cuenta si la amas o no. LLegarás a darte cuenta si la necesitas, aunque sea para que te diga como servirte un plato de sopa. Dudas, ¿haz la prueba?
Hoy tenía una entrevista de trabajo. Así que procuré levantarme temprano para salir. Todo salió dentro de los tiempos calculados. El canal está muy cerca a la casa. Tomé una combi pero me arrepentí al bajar a las seis cuadras. Esperé por un tiempo en la recepción hasta que me hicieron entrar. Una vez allí todo fue callendo por su propio peso.
Hubo una reunión para debatir los temas. Conocí a mucha gente del medio periodístico y de la farándula. Uno los ve como intocables, pero a fin de cuentas son tan normales e incluso anormales como nosotros.
Luego me mandaron a una comisión. Hace buen tiempo no salía a cubrir un policial. Me fuí a Breña. Era el Barrio Fino. Allí estaba héctor Lavoe pintado en la pared. Recostados cula sacos, una tira de maleantes pedía justicia ante las cámaras. Que el crimen cometido contra uno de los de su barrio sea vengado.
La realidad nacional esconde y muestra grandes males. Yo no sé cómo se puede solucionar la excesiva delincuencia. Desde esta humilde tribuna sólo se alerta. ¡Hay, hermanos, muchísimo que hacer!
Yo no sé si los lectores han tenido la grata oportunidad de treparse a una combi en Lima. Es una aventura sin igual, no recomendable para cardíacos, hipertensos, etc. En este viaje cualquiera sube y baja. Con el cásico ‘En la esquina bajo’ todo para. Sin embargo, lo que más me llama la atención es ver a cierta distancia a los dateadores.
Cada diez cuadras la combi para en una esquina, el cobradorsaca diez céntimos y los coloca sobre la mano de un dateador. Éste le dice uncódigo tan indescifrable como el código matrix. ¿qué sisgnificará eso? Me imagino que será la distancia y cuántas combis vienen y van después.
Como van las cosas tendré que aprender el código. Ya me verán en una esquina estirando mi cuaderno y recibiendo diez céntimos por decirles 2M JW34 Dale
He colocado ‘banca’ en Google Images y me ha arrojado 3,120,000 imágenes. Y se me ocurrió hacer un listado sobre todas las cosas que se puede hacer en una banca:
Sentarse
Echarse
Dormir
Comer
Besar
Intimar
Leer
Conversar
Afanar
Robar
Molestar
Vivir
y lo mejor de todo es banquear
Disculpen por los últimos post pero he visto Reflexiones y después de eso, no hay nada que decir.
Como todas estas tardes me puse a ver televisión. Hoy vi un programa que me sorprendió. Trataba de un chef que se pasaba la vida viajando por el mundo comiendo lo que nadie comería. Salvo los lugareños. El programa se llama Comidas Exóticas y lo pasan por Travel and living (canal 25).
Lo veía y no aguantaba el asco. Su cara reflejaba todo. Sin embargo, se metía a la boca los más vomitables bocados. Y hablando de eso los dejo con un bocado peruano
No se imaginan el calor que hace en Lima. Es insoportable. Yo que escapo del norte por eso y me encuentro con otro infierno. La sensación aumenta al viajar, durante una hora, en una combi repleta de gente. Salgo a caminar un rato y empiezo a sudar. No aguanto más. Tengo que regresarme a beber agua.
Entro al Messenger y me encuentro con mi amigo Mayo. Él está miles de kilómetros al norte. Específicamente en Virginia. Me cuenta que hoy no ha parado de nevar. Se muere de frío. Salió a la calle y tomó esta foto. Un minuto más y moría congelado.
Hoy por la mañana arribé a la ciudad de Lima. Después de tanto tiempo por fin llegué. Me esperaba un día agitado por unas entrevistas. Sin embargo, todo se canceló. El viaje se hizo pesado a pesar de estar cómodo. Me puse a pensar. Escuché música por un ratito. El tiempo pasó y cuando me di cuenta, eran las tres de la mañana. Como sea traté de dormir.
A la llegada el tráfico me esperaba con los brazos abiertos. Lo abracé. Conviviré con él y demás vicios por mucho tiempo (eso espero).Al llegar a casa todo estaba como de costumbre. Me entretuve un rato leyendo algunos comentarios de los post anteriores. Más tarde salí a caminar y pensar en esta nueva etapa.
La tarde me hizo recordar Piura. Un calor terrible y la molicie se hicieron eternas. Ni el agua podía parar esa sensación. Entonces, sólo entonces, me di cuenta que estaba soñando. Un monstruo me había tragado.
Son las doce. Ya es 16 de enero. He abierto mi armario, desempolvado mi discman y sacado un disco de bossa nova. Escucho la primera: Garota de Ipanema y me voy a otro mundo. Saben no sé por qué ha esta edad se me ha dado por escuchar música sin canto. Nada de voces ni de letras. Así me ahorraré roches. Ya no tarareé. Jamás me aprenderé una canción. Eso lo dudo. Pero por el momento disfruto de ese placer. Disfruto la soledad de la noche. Faltan pocas horas. Hoy vi a mi madre triste. La noté con los ojos rojos.Me dice que está cansada. Se va a dormir pero a mí no me engaña. Ha llorado.
Me da mucha pena dejarla. ¿Cuándo la volveré a ver? Me manda comida para unos días. Para que siga con ella. Para que nunca la olvide.
Que feo es ser madre ahorita. Las despedidas son terribles. Por eso siempre digo que el amor duele. Pero es un dolor grato. Satisfactorio. Sin embargo, duele mucho.
Más tarde empezaré a empacar. Hace dos semanas me tocó desempacar y ordenar todas mis cosas. Hoy guardo. Pero no todo. Dejo a mamá, recuerdos, libros, ropa, cd’s, etc. Sólo llevo lo necesario. La cabeza me da vueltas. No sé que haré en Lima. Quisiera volver a la universidad y pensar en mis vacaciones.
Es tarde para eso. Me llega un mensaje. Y sigo aquí, esperando a que la hora pase y, aunque sea por un segundo, me de el guión de mi vida. Se vale improvisar.
A tener en cuenta: Hace años quería entrevistar a un personaje. Hoy lo hice.
El cruce de las Avenidas Bolognesi con Juan Cuglievan gran parte del año pasa desapercibido. Sin embargo, cuando llega el verano es imposible no ver vasos repletos de hielo y jarabe. “Pa la calor, Señor”. Así es. Con ustedes su majestad Miguelito, experto en el arte de refrigeración y un poco de empuje. O como criollamente se conoce a la raspadilla.
A penas se levanta Miguel Rodríguez Chiroque, 30 años, ve a su hija. Desayuna con su esposa y parte a comprar hielo. Cuando tiene todo listo, empuja su carrito raspadillero hasta la esquina conocida. Jamás se perderá, pues este oficio lo ejerce desde los quince años. No necesita carta de presentación. Ni un local bien pintado. Para él, lo que importa es saciar la sed y el calor que los clientes sienten.
Cada día vende, aproximadamente, ciento cincuenta vasos. Imagínese una pelea con Miguel. De un derechazo le rompe la cabeza a cualquiera. “Ingeniero, dos de tamarindo con fresa”, ordena un apurado motociclista. Yo me pido una de imperial (mezcla de tres sabores: vainilla, fresa y leche Nestlé) con lúcuma y me siento en su banca. Veo a la gente llegar y la entrevista cada vez se hace interminable. La gente empieza a pelear por el orden y no hay cuando pare. Raspa, raspa y no se cansa. Voltea el hielo, limpia su carro, destapa las botellas y pregunta por los sabores: “¿Haber de qué va a querer señora?”.
Su mirada denota cansancio, monotonía. Todo el día se pasa cepillando hielo. A las dos de la tarde, hora en que la clientela baja un poco, se sienta, abre un taper y toma una sopa tan fría como el hielo. Se moja las manos y continúa. Jamás para hasta que llegan las seis de la tarde o el hielo, derretido por el sol, lo fuerza a marcharse.
“Mi abuela empezó con todo este negocio. Cuando mi madre era joven aprendió y ella me pasó la receta de los jarabes. Mi madre lleva cuarenta y ocho años en esto. Yo quiero que mi hijo siga. Ya es como una tradición. Ahorita me ayuda un sobrino”, me cuenta Miguel con entusiasmo. El serenazgo pasa yno dice nada. Hace unos años lo levantaron y llevaron su carrito al depósito. Ahora tienen un familiar en la municipalidad. Todo está arreglado.